Hoy en día, los países en desarrollo viven un verdadero auge demográfico. Por eso trabajar con su juventud es una oportunidad para el progreso de sus propias comunidades. Sin embargo, es necesario asegurar condiciones para que las oportunidades no se conviertan en brechas. Y eso pasa por la igualdad de acceso y control de los recursos. Confiar en la juventud es la clave: debemos considerar a los jóvenes como verdaderos actores centrales capaces de dinamizar los procesos de desarrollo.
Por ejemplo, hemos comprobado que hablar de incubación de empresas es mucho más atractivo que llamarle empleabilidad juvenil. Obviamente, pensar proyectos que resulten interesantes para que la juventud se apropie de ellos implica más esfuerzos, pero da mejores resultados.
La participación, clave en los procesos de desarrollo con jóvenes
El trabajo con y por los jóvenes, por su desarrollo, no solo los implica a ellos. Trabajamos con todos los sectores de las comunidades para que conozcan la importancia que la juventud tiene en el desarrollo comunitario y para que en especial las mujeres jóvenes tengan derecho a ser tratadas como lo que son: las protagonistas de sus propias vidas.
Este nivel de conciencia construido, junto a la rapidez con la que las y los jóvenes se adaptan a los cambios y la facilidad con la que adquieren nuevos saberes, abre innovadores escenarios en donde pueden y deben participar.
La participación de los jóvenes en el desarrollo es una responsabilidad compartida que tenemos todas las personas que hemos decidido dedicar nuestras vidas al desarrollo, y quienes asumimos nuestro trabajo como un medio a través del cual las juventudes pueden mejorar sus condiciones de vida respetando siempre sus derechos.
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